Até aos 75 anos já está bom demais

Por qué quiero morir a los 75 años

Los inmortales estadounidenses operan con el supuesto de que serán precisamente uno de estos raros casos. Pero el hecho es que a los 75 años, la creatividad, la originalidad y la productividad habrán, prácticamente, desaparecidos en la gran mayoría de nosotros. Einstein dijo la famosa frase: “Una persona que no ha hecho su gran contribución a la ciencia antes de la edad de 30 años ya nunca la hará.” Algo exagerado; y estaba equivocado. Dean Keith Simonton, de la Universidad de California en Davis, una luminaria entre los investigadores sobre la edad y la creatividad, ha sintetizado numerosos estudios para demostrar la típica curva de la edad y la creatividad: la creatividad aumenta rápidamente a medida que se comienza una carrera, con picos alrededor de los 20 años, y sobre los 40 ó 45; luego se entra en un lento declive según se van cumpliendo años. Hay algunas variaciones, pero no enormes, entre disciplinas. Actualmente, la edad media en la que los físicos ganadores del Premio Nobel hacen su descubrimiento -no obtener el premio- es sobre los 48 años; los químicos teóricos y los físicos hacen su mayor contribución ligeramente antes que los investigadores empíricos. Del mismo modo, los poetas tienden a tener su pico antes que los novelistas. En un estudio propio de Simonton sobre compositores clásicos, demuestró que el compositor típico escribe su primera obra importante a los 26 años, alcanza su máximo creativo aproximadamente a los 40 años y luego disminuye, escribiendo su última composición musical significativa a los 52 (Todos los compositores estudiados eran varones.)

Esta relación de la edad con la creatividad es una asociación estadística, el producto de los promedios; los individuos varían en esta trayectoria. De hecho, todo el mundo en una profesión creativa piensa que estará, como mi colaborador, en la parte extrema de la curva. Hay tardíos. Como mis amigos hacen cuando los enumeren, nos aferramos a ellos para tener esperanza. Es cierto, las personas pueden seguir siendo productivas pasados los 75 años: escribir y publicar, dibujar, esculpir y componer. Pero no se puede pasar por encima de los datos. Por definición, pocos de nosotros seremos excepciones. Por otra parte, hay que preguntarse cuántos de los “pensadores antiguos”, como los llamó Harvey C. Lehman en 1953 en su obra “Edad y Logro”, producirían una novela que no fuera reiterativa y no repitiera ideas anteriores. La  curva edad/ creatividad – especialmente el descenso- es semejante en todas las culturas y a lo largo de la historia, lo que sugiere un profundo determinismo biológico subyacente, probablemente relacionado con la plasticidad del cerebro.

Setenta y cinco años es todo lo que quiero vivir. Quiero celebrar mi vida mientras todavía estoy en mi mejor momento. Mis hijas y mis queridos amigos seguirán tratando de convencerme de que estoy equivocado y de que puedo vivir una vida valiosa mucho más tiempo. Y yo conservo el derecho a cambiar de opinión y ofrecer una defensa vigorosa y razonada de vivir el mayor tiempo posible. Eso, después de todo, significaría dejar de ser creativo después de los 75″.

Leonard Cohen vuelve a fumar
Llega una edad en que algunos dejan de obsesionarse por el futuro y buscan más la felicidad del ahora

Leonard Cohen ha cumplido estos días 80 años con un nuevo disco ( Popular Problems) y anunciando que, tras 30 años esperando y pensando en este momento, volvería a fumar, actividad que practicó durante muchos años. “Demasiado joven para morir, demasiado viejo para preocuparse”, titula en un magnifico comentario al respecto en The New York Times,  Jason Karlawish, catedrático de Medicina, Ética Médica y Política de Salud de la Universidad de Pennsylvania (EE UU). Se pregunta cuándo debemos dejar a un lado una vida vivida para el futuro, y abrazar, por el contrario, los placeres del presente. Los del ahora. Eckhart Tolle, en un libro que tuvo éxito hace unos años, hablaba de “el poder del ahora”, aunque no se trate aquí de entrar en la iluminación espiritual que recomendaba ese autor sino en algo que se acerca a lo se puede llamar la felicidad.

Pese a que no he logrado comprobar si realmente Leonard Cohen ha cumplido su propósito, uno no puede dejar de sentir simpatía y comprensión por su actitud. Al poeta y cantante judío, que también es monje ordenado budista Zen, “le gusta lo lento” y “no porque sea viejo” como canta, o recita, en la primera canción de su último disco. Quizás incluso se ha retrasado demasiado pues probablemente debía haber vuelto a fumar antes. Que lo disfrute, lentamente. Y que sigamos disfrutando de sus canciones.

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